700 menores cruzan a diario a Foz sin documentación: un drama que exige acción urgente
La frontera entre Paraguay y Brasil no solo es un corredor de comercio, sino también un escenario de vulnerabilidad extrema para la niñez. Datos de la Receita Federal revelan que aproximadamente 700 niños y adolescentes cruzan a diario el Puente de la Amistad hacia Foz de Yguazú sin ningún tipo de documentación. Una cifra escalofriante que pone en evidencia la indolencia de las autoridades y la fragilidad de los controles migratorios.
En respuesta a esta crisis, la CODENI y el MINNA, junto con la Receita Federal, lanzaron un plan piloto binacional para proteger a los menores. Durante un operativo realizado ayer, varios vehículos fueron obligados a retroceder tras detectarse irregularidades en la identificación de los pequeños pasajeros. Sin embargo, la magnitud del problema supera cualquier acción aislada: se trata de una emergencia que requiere políticas sostenidas y no simples parches.
El intendente de Ciudad del Este, Daniel Pereira Mujica, calificó la situación como “asustadiza”, pero las palabras no bastan. Detrás de esos 700 menores hay historias de mendicidad, explotación laboral y trata de personas con fines sexuales, como ya han documentado las consejerías tutelares. La mendicidad en los semáforos de Foz es solo la punta del iceberg de un entramado de abusos que prospera gracias a la falta de control.
Daniel Linc, jefe de la Receita Federal, advirtió que el flujo masivo de menores convierte al Puente de la Amistad en un punto crítico para la trata y la migración irregular. La normativa exige que los menores viajen con ambos padres o con autorización judicial, pero en la práctica, la burocracia y la corrupción facilitan el paso sin papeles. Es urgente que las autoridades paraguayas y brasileñas actúen con decisión, no solo con operativos esporádicos, sino con un sistema de control permanente y efectivo.
Mientras tanto, 700 niños siguen cruzando la frontera cada día, invisibles para un Estado que parece mirar hacia otro lado. La pregunta es: ¿cuántos más tendrán que sufrir antes de que se tomen medidas reales?


